Heroínas, mujeres en la Revolución Mexicana

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Carmen Parra, también conocida como “Coronela Alanís”

Cuando pretendemos indagar sobre la presencia y participación de las mujeres en la Revolución mexicana el primer problema al que nos enfrentamos, después de revisar la escasa bibliografía que existe sobre el tema, es el tratamiento que en los textos de historia se le da al papel protagónico femenino.

“En la Revolución, iniciada en 1910, la mujer poblana tuvo una participación tan importante como ejemplar por su abnegación y valentía, y sería imperdonable que la historia no recogiese, siquiera sea en brevísima síntesis, la labor de tantas heroínas que contribuyeron a crear el actual orden social”.

La lucha armada revolucionaria (1910-1917) contó con la participación de hombres y mujeres en los distintos grupos, sectores y clases que trataban de dar forma a una nueva nación.

Un proyecto nacionalista que involucró y movilizó al campesino -la población más numerosa de esos años-, a los obreros, a las clases medias y a la burguesía nacional.

Con expectativas diferentes y a veces contradictorias se integraron a las distintas facciones revolucionarias que contendieron en la guerra civil.

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Juana Belén Gutiérrez de Mendoza dirigió el periódico Vésper, consagrado a defender a los mineros y a combatir la dictadura.

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Carmen Serdán coordinó con las mujeres de su familia y las hermanas Narváez las operaciones en el estado de Puebla, imprimiendo y repartiendo proclamas, así como en la distribución armas, para luchar contra el régimen de Porfirio Díaz.

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Emilia Enríquez de Rivera, “Obdulia”, sostenía ideas renovadoras en la revista Hogar

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Hermila Galindo fundó la revista Mujer Moderna y solicitó el voto femenino al Constituyente de 1916

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Dolores Jiménez y Muro, fue coronela redactora del Plan Político y Social. En este documento —escrito por revolucionarios de cinco entidades de la República— se desconoció el régimen Porfirista.

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María Hernández Zarco se hizo notable porque en 1913, cuando todas las imprentas de la capital se negaron a imprimir el discurso del Senador Belisario Domínguez —en donde condenaba el régimen de Victoriano Huerta—, ella lo hizo a escondidas, por las noches, en el taller de Adolfo Montes de Oca, donde trabajaba.

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Elvia Carrillo Puerto en 1912 fundó la primera organización femenina de campesinas en Yucatán, con la finalidad que a las mujeres jefas de familia se les garantizaran los mismos derechos que a los hombres en la distribución de tierras.

Desde finales del siglo XIX la prensa constituyó el espacio donde ese sector femenino expresó la necesidad de redefinir no sólo la función social de la mujer, sino de luchar por su emancipación por medio del estudio y del trabajo remunerado.

Fue la pluma de profesoras, escritoras y profesionistas la que inicia un cuestionamiento sobre la desigualdad intelectual entre los sexos, y se expresa a favor de la emancipación femenina en términos de educación e ilustración igualitaria que les permitiera participar en los distintos campos de la cultura y la política.

No obstante su reducido número, se dieron a la tarea de reflexionar sobre los derechos y prerrogativas de las mujeres mexicanas, convirtiéndose en la vanguardia dedicada a elaborar las primeras reivindicaciones.

También constituyeron en 1904, la primera organización feminista denominada Sociedad Protectora de la Mujer, integrada por María Sandoval de Zarco (la primera abogada graduada en México en 1889) y por otras mujeres profesionistas preocupadas “por lograr el perfeccionamiento físico, intelectual y moral de la mujer, el cultivo de las ciencias, las bellas artes y la industria”.

Se ocuparon además de defender a las mujeres presas y perseguidas por cuestiones políticas.

Por su parte, la prensa obrera, respecto a las mujeres, se encarga de denunciar sus problemas laborales.

La explotación que vive este sector proletario (bajos salarios, largas jornadas de trabajo, carencia de prestaciones, situación de las organizaciones gremiales, etc.) son los temas más recurrentes, sin dejar de reiterar las prescripciones propias de una moral burguesa.

En los primeros años del siglo XX empiezan a surgir organizaciones de trabajadoras (integradas por maestras normalistas y obreras textileras principalmente) que se vinculan al Partido Liberal Mexicano desarrollando una intensa labor política en contra del régimen de Díaz, lo que causó la persecución y el encarcelamiento de algunas de sus integrantes.

Juana Belén Gutiérrez de Mendoza (editora del seminario Vésper); Dolores Jiménez y Muro (colaboradora en la revista La Mujer Mexicana, redactora y firmante del Plan político-social de la Sierra de Guerrero, el antecedente más inmediato del Plan de Ayala, documentos en el que también participa de su elaboración, y Elisa Acuña y Rosetti (integrante del centro director de la Confederación de Clubes Liberales en 1903 y editora de La Guillotina, periódico que ella misma financiaba) fundaron en la cárcel la sociedad “Hijas de Cuauhtémoc”.

Además de protestar por los excesos cometidos en el porfiriato y pronunciarse a favor del antirreeleccioriismo, se expresaron partidarias del reconocimiento de la igualdad de la mujer con el hombre.

Otra de las primeras organizaciones revolucionarias que hizo suyo el Programa del Partido Liberal Mexicano fue la denominda Hijas de Anáhuac, fundada en Tizapán, D.F., en 1907, por obreras textileras.

Además de luchar por los principios del magonismo (motivo por el que algunas de sus dirigentes padecieron arrestos y encarcelamientos), se pronunciaron a favor del mejoramiento social de la mujer obrera.

Todas estas mujeres fueron propagandistas activas de las ideas del magonismo y las que sobrevivieron más tarde fueron protagonistas en el movimiento armado.

No fue entonces a partir de 1910 que se empezó a cuestionar la condición subordinada de la mujer, ya que si bien la Revolución mexicana es un verdadero parteaguas, alteró y modificó sus formas de vida, antes de esta revuelta existió gran participación femenina en distintos ámbitos y niveles.

Parte de la ponencia PRESENCIA DE LAS MUJERES EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA: SOLDADERAS Y REVOLUCIONARIAS – Por Martha Eva Rocha Islas

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