La patria debe volver a la política

Marcha populista por María

Marcha populista 

Por Sebastián Ramírez Mendoza @Sebas_RM

El PRI ubicó durante décadas la fuente de su legitimidad en el nacionalismo revolucionario articulado durante el cardenismo en los años 30 del siglo pasado. A pesar de que los gobiernos posteriores al General Cárdenas no hicieron más que socavar su obra, cada uno de los presidentes de la “revolución institucionalizada” se autonombró heredero de la Revolución Mexicana así como de las conquistas cardenistas. Este proceso histórico que bien podríamos ubicar entre 1940 y 1982 experimentó una especie de paradoja relevante: por un lado ubicó la fuente de su legitimidad en el nacionalismo económico y político de Cárdenas mientras avanzaba de manera velada en la erosión de la soberanía frente a los Estados Unidos y los intereses oligárquicos.

De este modo los gobiernos del PRI establecieron una doble realidad, mientras los discursos presidenciales abundaban en loas patrióticas, las políticas gubernamentales se alejaban de los contenidos sociales que concitaron el respaldo a las transformaciones del cardenismo. Así los caminos desconectados entre las palabras y los hechos vaciaron de contenido los discursos nacionalistas, la verborrea presidencial sobre la nación, la patria y la soberanía perdieron su vinculo la realidad cotidiana de la población. Los símbolos que hasta los años 40 funcionaron como elementos de cohesión y reivindicación de la justicia social se convirtieron en cartón sin fundamento en la experiencia de los sectores excluidos por el modelo económico.

Este fenómeno tuvo una doble función positiva para las oligarquías mexicanas y los intereses de los Estados Unidos, en un primer plano se logró desdibujar en la sociedad mexicana una narrativa capaz de dar sentido colectivo en el pueblo y en un segundo momento se rompió el vinculo de legitimidad entre el poder político y la defensa de los intereses nacionales. De este modo, el régimen neoliberal constituyó una nueva legitimidad sobre el mito de la “modernización” (incubado en el gobierno del corrupto Miguel Alemán) y logró desterrar a la justicia social, la independencia y la patria de la escena política nacional.

En la era neoliberal inaugurada por Miguel de la Madrid los elementos simbólicos del patriotismo fueron convertidos por verdaderos pedazos de papel, todo lo que estuviera relacionado con la soberanía, la justicia social, el nacionalismo ha sido por lo menos tachado de populista, nostálgico, estatista o viejo. En el México de nuestros días hablar de patria es casi antimoderno u oficialista, los neoliberales proscribieron a la patria de la acción política.

En nuestra perspectiva esta proscripción tiene una funcionalidad: sin patria no hay sentido colectivo, sin patria nos sentimos ajenos al dolor ajeno, sin patria somos individuos fragmentados, sin patria no hay historia y mucho menos futuro compartido.

Con esto queremos decir que la patria es el territorio simbólico donde se pueden hacer realidad las aspiraciones de dignidad de los pobres, los indios, las mujeres, los sin voz, los sin casa, los indignados…. La patria no puede ser entendida como retazos de un discurso gubernamental, sino como el llamado a construir la casa compartida es decir como el espacio donde es posible que todas y todos vivamos felices, es la posibilidad de mirar al mundo sin perder nuestra identidad y nuestra historia.

Decía el liberal del siglo XIX Ignacio Ramírez durante un discurso con motivo de la proclamación de la independencia en 1861 que Hidalgo, a diferencia de Moises, Mahoma y Washington, hizo “de la fraternidad el grito de guerra para una nación oprimida”   y tuvo “el valor para llamar las primeras, bajo su glorioso estandarte, a las turbas envilecidas”; es decir la convocatoria a la fundación de la nación independiente partió de la interpelación  a los sectores excluidos.

Sigue Ramírez sobre Hidalgo “recordamos al caudillo que puso bajo nuestro pies todas las coronas que no podía ceñir a nuestras frente” ¡Qué fuerza en la frase! La gesta patriótica es una lucha por dotar de dignidad a los que no han heredado por derecho de sangre los privilegios de los que goza la aristocracia, por eso Hidalgo al convocar en primera instancia a la “muchedumbre” ha provisto de un contenido popular y emancipador a la construcción de la patria que no debería ser ignorado.

Decimos que La Patria debe volver a la política, porque con ella regresa a escena el espíritu emancipador que ha movilizado las  conciencias de millones durante las grandes gestas populares de nuestra historia, nadie que se asuma parte del campo popular debe sentirse avergonzado al invocarla, sólo se debe asegurar que en su nombre se afirmen los anhelos de justicia, libertad y felicidad de las grandes mayorías excluidas del bienestar. La minoría corrupta que hoy gobierna a México nos quiere resignados, sin sueños, sin esperanza, sin patria, no tenemos derecho a concederles el capricho.

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